Indal, fundada en 1970 por Eoclides Birgi y Luis Marzoratti en la localidad sureña de Juan Bautista Alberdi, construyó y vendió más de 100 integrales entre 1971 y 1981, compitiendo en precio y servicio técnico con las cosechadoras importadas Claas. A pesar de las mejoras y el aumento de potencia de sus últimos modelos, aptos para cosecha en verde, no sobrevivió a la crisis económica de esos años y cerró sus puertas en 1982. Durante sus pocos más de 10 años de existencia también construyó implementos de cultivo, carros cañeros, cortadoras de caña e incluso, cargadoras continuas que vendió a los ingenios de Jujuy. Su creación se vio favorecida por las regulaciones del Operativo Tucumán. De este modo, la familia Birgi, residente en Córdoba, se trasladó a Tucumán porque hubo un acuerdo previo para hacer una máquina cosechadora motriz, pero había que hacerla aquí, con un espacio físico que lo permitiera. Se hizo el negocio entonces y nos vinimos, trajimos algunas personas de Córdoba, porque aquí no había mano de obra, salvo la gente que estaba en los ingenios.
A partir de ahí, el 5 o 6 de enero de 1970 vinimos al galpón con todo cocinado, la compra hecha, la gente de allá. Ahí nomás, en ese momento, se comenzó a hacer la primera máquina, la primera cosechadora, con las limitantes que había aquí y toda la importación cerrada, esas cosas; nosotros veníamos del sur, donde había mayor desarrollo del sector, se podían conseguir cosas, correas, motores, que acá no era posible (Entrevista a JBI, 18/05/2017).
La construcción de las integrales (Figuras 5 y 6) fue vista como una continuidad de las máquinas cortadoras de caña y seguramente estuvo influenciada por la experiencia de E. Birgi quien, además de haber trabajado en la fábrica de cosechadoras de granos Susana –una de las primeras del país–, había construido una cosechadora de maní para la firma Ochetti, mientras residió en Córdoba.
Todos los componentes de las cosechadoras de caña, excepto el motor y el equipamiento hidráulico, se fabricaron en Tucumán, lo que supuso una serie de inconvenientes que se fueron superando con el tiempo. Entre ellos, el traslado de las herramientas necesarias –pantógrafo, agujereadoras radiales, tornos pesados, equipos de soldar– y el montaje de un horno para el tratamiento térmico de los engranajes y otras piezas. “La opción era [hacerlo] Córdoba, pero se perdía tiempo” (Entrevista a JBI, 18/05/2017).
Además de los problemas suscitados por la falta de equipamiento industrial y la necesidad de capacitar los recursos humanos locales para los distintos procedimientos, la fábrica tampoco escapó al clima político de la época. En parte de ese período, los motores adquiridos para las cosechadoras no se entregaban en óptimas condiciones. “Destapaba los cárteres y encontraba alambres, virutas, dejadas adentro o los dejaban sin junta para que se fundieran; porque saboteaban a la fábrica Fiat, fue algo muy comentado en su momento” (Entrevista a JBI, 18/05/2017).
Indal construyó dos modelos de cosechadoras e incluso adaptó uno de ellos para trabajar en terrenos con pendiente, que contaba con la posibilidad de regular su ancho de trabajo. La cosechadora ISA 165, luego de las pruebas de su prototipo en 1970, que incluyeron ajustes para adaptarse a las variedades de caña más comunes por entonces, “se fabricó entre 1971 y 1974, se presentó oficialmente en 1972, en serie de 15 o 18 por año. Después hicimos una con dos anchos de trocha, para maniobrar mejor en campos con pendiente” (Entrevista a JBI, 18/05/2017). La Indal 221, diseñada para la cosecha de caña quemada, pero que también podía cosechar en verde, mejoró apreciablemente su potencia y mecanismos hidráulicos, las principales falencias del modelo previo. Al igual que con la Magar, el ingenio Ledesma estuvo interesado en conocer su desempeño y la probó en sus cañaverales durante 1976 o
1977, aunque después la empresa agroindustrial optó por adquirir máquinas Massey Ferguson importadas de Australia. El establecimiento Indal fabricó, 120, 130 máquinas, en series de 15 o 20 por año, hubo algunas que absorbían las otras, las reprocesábamos, era una alternativa comercial para los que no tuvieran cómo pagar una nueva. Recibíamos las cosechadoras de modelos anteriores, reprocesábamos la parte interna, armábamos el chasis y las entregábamos. Era una diferencia de precio importante, usábamos cortadores, pontones, cilindros; motor y chasis nuevos (Entrevista a JBI, 18/05/2017).
Las relaciones comerciales también posibilitaron el desarrollo y venta de otros productos, que no tenían una demanda importante en el mercado tucumano debido a las características de sus sistemas productivos.
Fabricamos niveladores de suelo, para sistematizar con curvas de nivel y que la máquina cosechadora rindiera. Después hicimos trasbordadoras de caña, a veces reparábamos las que ya tenía el cliente, en años llovedores había zonas en donde no podían acceder los carros grandes, entonces hicimos estas máquinas, vendimos unas 15; pero para Jujuy, aquí no se usaron mucho (Entrevista a JBI, 18/05/2017).
Fuente: https://www.researchgate.net/publication/370845925_La_cosecha_de_cana_de_azucar_en_Tucuman_cambios_e_innovaciones_entre_1960-2005_Un_estudio_sociotecnico_de_mecanizacion_agricola

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