
A principios de la década del 30', Natalio Michelizzi obtiene la representación para toda la región de las imprentas alemanas "Planeta" y monta un importante taller mecánico donde se realizaba el ensamblaje y el mantenimiento de dichas máquinas como también fabricar y ensamblar guillotinas de papel, troqueladoras, prensas y brindar soporte técnico a las pesadas imprentas industriales que importaba Michelizzi. .
Esta empresa se llamaba Talleres Metalúrgicos FAMAG S.A. y contaba con unos treinta y cinco empleados, entre obreros y personal administrativo. El domicilio de Famag estaba en calle Ramón Franco 6473, de la localidad de Wilde.
El nombre original de la firma no se refería a los apellidos de sus fundadores ni a una sigla de fantasía. Las siglas F.A.M.A.G. significaban exactamente: Fábrica Argentina de Máquinas Artes Gráficas.
Los principales productos eran las grúas sobre orugas, ruedas o camión de 300 a 500 toneladas.
La producción de tornos paralelos FAMAG S.A.: La fábrica producía sus propios tornos industriales de banco pesado (siendo muy buscado el modelo de 1000 mm de distancia entre puntas). Características técnicas: Venían equipados con motores trifásicos de 3 HP, volteo de 330 mm sobre bancada (450 mm sin puente), pasaje de barra de 50 mm y la clásica caja de velocidades tipo Norton. Que una fábrica hiciera sus propias máquinas herramienta te sirve para argumentar en el libro el extraordinario nivel de autarquía técnica que tenía la industria argentina de mitad de siglo.
En la segunda mitad de la década del 30', FAMAG era un próspero e importante exponente de la industria metalúrgica: esto le valió la firma de un contrato con la Dirección General de Fabricaciones Militares (comandada por el Gral Manuel Savio), que obliga a Michelizzi a montar nuevas líneas de producción y a abrir una fundición en Wilde, sur del Gran Buenos Aires (que procesaba todo el metal necesario, proveniente mayormente de antiguas vías de ferrocarril en desuso).
Este contrato, primeramente obliga a Michellizzi a reorganizar la empresa, ampliando los talleres monando nuevas líneas de producción y por ello se muda a un nuevo local en la calle Piedras, Capital Federal. Sin embargo lo lleva a tener pérdidas económicas importantes y años más tarde acaba vendiendo FAMAG a un grupo inversor francés (Financiere de Rosario).
Al mutar en una corporación masiva, el nombre comercial largo quedó obsoleto para su nuevo rubro vial. Por eso, en los registros oficiales y actas de asamblea posteriores (como las reformas de estatuto aprobadas por el Ministerio de Educación y Justicia), la sigla se desprendió de su significado literal y la empresa pasó a registrarse formalmente en los papeles de la época como TALLERES METALÚRGICOS (F.A.M.A.G.) SOCIEDAD ANÓNIMA
Benignno Mochkowsky fue secretario de la Comisión Interna de la fábrica metalúrgica FAMAG, en la localidad bonaerense de Wilde. Integró el aparato de inteligencia del PCA.
También produjo transportadores industriales a cinta, cadena, rodillos, troqueladoras, guillotinas para papel y máquinas herramientas como tornos monopolea, guillotinas para chapas, cilindros para chapas, combinada para madera y tupí.
Con respecto a la faceta agrícola, fabricó espigadoras, deschaladoras de maíz y sembradoras de granos finos.
Según el Boletín Oficial de la República Argentina, del 29 de noviembre de 1951:
"TALLERES METALÚRGICOS FAMAG Sociedad Anónima, Registro N° 4441: Convocatoria a Asamblea General extraordinaria para el día 26 de Diciembre de 1951, a las 16 horas en el local Avenida de Mayo N° 981, 3° piso, para tratar la siguiente
ORDEN DEL DÍA:
l° Consideración del proyecto de reforma de los estatutos modificando el art. 21
2° Designación de dos personas: accionistas o no, para que tramiten la aprobación de las reformas proyectadas, facultándolos para aceptar las correcciones que le fueran impuestas y que creyeran convenientes.
3° Designación de dos accionistas para aprobar y firmar el acta ele la asamblea. — El Directorio.
$150.— e.29!l.l-No fi.54.8-v. 19112)51".
Según el Boletín Oficial de la República Argentina, del 14 de diciembre de 1960:
"JUDICIAL. — Por disposición del señor Juez Nacional de Primera Instancia en lo Comercial doctor Carlos Castro Walker, a cargo del Juzgado N*, Secretaría N° 23 se hace saber por 3 días, en autos 'TALLERES METALÚRGICOS FAMAG S. A. c PAGGl RAÚL s/
Ejecutivo" que el martiliero Carlos V Terry rematará el día 18 de diciembre de 1960, a las 10 horas, en la calle Avenida Tiscornia 909, San. Isidro, donde se exhibe, una grúa marca Famag montada sobre orugas, provista de motor **Otto Deutz", sin base, al contado. — Comisión 10 %.
Informes: Paraná 552, 6° p., esc 61. TE: 45-3160.
Buenos Aires, noviembre 23 de 1960
Francisco Migllardi. secretario $ 1200 e.!2|12 N* 11.687 v.l4-12-6o".
EL OCASO la esquina de Ramón Franco y Las Flores, en pleno corazón industrial de Wilde, albergaba a principios de la década de 1970 un gigante cansado. Los Talleres Metalúrgicos FAMAG S.A. representaban a la perfección esa Argentina de la autarquía industrial, donde una sola fábrica era capaz de fundir su propio acero, maquinar sus propios tornos paralelos y abastecer al Ministerio de Obras Públicas con excavadoras a cable y grúas de gran porte. La planta de Ramón Franco 6473 no solo era un centro de producción; era una escuela técnica de altísima exigencia donde los operarios habían aprendido los secretos del mecanizado pesado montando gigantescas imprentas industriales y adaptando robustos motores Deutz refrigerados por aire a chasis de orugas destinados a las geografías más hostiles del país.Sin embargo, para 1972, el reloj de la tecnología global dictaba sentencia y los propietarios mayoritarios de FAMAG —un holding de inversores franceses— miraban los balances con creciente distancia desde París. La ingeniería mecánica de cables, embragues de cinta y tambores que había hecho famosa a la firma de Wilde estaba quedando obsoleta frente a una revolución silenciosa que avanzaba en Europa: la hidráulica de alta presión. Ante la necesidad de una reconversión tecnológica millonaria y un clima económico nacional cada vez más inestable, el grupo francés tomó la decisión corporativa más drástica: decretar el cese de actividades y liquidar los talleres, dejando a un plantel de 35 metalúrgicos calificados de cara al desempleo.
Fue en ese preciso instante de quiebre donde la historia industrial del sur del Conurbano torció su rumbo. En lugar de aceptar la dispersión y el olvido, un grupo compacto de cinco empleados administrativos y técnicos de FAMAG decidió resistir desde la trinchera del oficio. Sabían que, aunque las líneas de montaje se detuvieran, cientos de grúas y excavadoras con el sello de Wilde seguían operando en las rutas y municipios de todo el país, y todas ellas iban a necesitar mantenimiento y piezas de reposición.En la transición exacta de 1973, estos cinco ex-empleados se asociaron de manera independiente.
Lo que comenzó como un pequeño taller de asistencia técnica y venta de repuestos para salvar el legado de FAMAG, mutó rápidamente en una ambiciosa visión de futuro. Al comprender que la vieja mecánica a cable ya no tenía retorno, el grupo levantó la mirada hacia Francia, la misma tierra de los inversores que se habían retirado, pero esta vez para buscar al líder mundial indiscutido de la nueva era: Poclain. Con la mística del trabajo aprendida en la fundición de Wilde bajo el brazo, los cinco socios fundaron formalmente SEFAG S.A., cerrando definitivamente los portones de la calle Ramón Franco para trasladar el conocimiento, el personal clave y el renacido orgullo metalúrgico a la imponente e histórica manzana de la Avenida La Plata en Quilmes.