sábado, 25 de enero de 2014

GEMA

Cuyas siglas eran Grandes Establecimientos Metalúrgicos Argentinos S.A. fue una fábrica de cosechadoras con asentamiento en Rosario, que estaba instalada en la zona oeste de Rosario (Eva Perón y las vías del FerroCarril) y fundada en 1943.
Representó y trajo las sembradoras Riboulleau con su sistema "Monosem", que funcionaba por succión. La turbina, al revés de Hummel, extraía el aire y de esta manera la semilla se pegaba al alvéolo pero desde el lado opuesto. Al salir al aire, caía. Después todas las fábricas lo fueron incorporando, y con diseños nacionales.

GEMA fue conjunción de dos antiguas empresas rosarinas: Torres y Valenti S.R.L. y Baronio y Melquiot S.R.L., siendo más antigua la primera ya que fue fundada en 1910. Don Luis Valenti, gran precursor de la firma, volcó toda su experiencia industrial en la nueva empresa y Melquiot fue la figura señera en la maquinaria agrícola de su concepción llevando su sello como garantía de eficiencia tan apreciada en las chacras argentinas. La nueva planta industrial instalada en Av. Córdoba 5856, Rosario, produjo durante muchos años máquinas herramientas "GEMA" para industrias y en el rubro agrícola se destacaron las máquinas desgranadoras de maíz modelo 8 T, las enfardadoras de paja de trigo automotrices para la empresa Celulosa Argentina, y las cosechadoras automotrices mod. M40, todas ellas identificadas con la marca "Gema sistema Melquiot".
En los finales de los 50' y comienzo de los 60', 380 obreros trabajaban en sus talleres que cubrían 15000 m2. de superficie, produciendo cosechadoras (unas 350 unidades anuales), contando para su distribución y ventas con importantes agencias y concesionarios distribuidos en las más importantes zonas agrícolas del país.

Al igual que muchas, su destino fatídico fue la quiebra y el posterior cierre definitivo en la infame década de los 90. Actualmente, en esos mismos terrenos que antes acunaban a más de 700 trabajadores metalúrgicos hoy se levanta el complejo de Cines Village, el supermercado Carrefour, de capitales extranjeros y a 1 cuadra, la cadena de comidas rápidas Mc Donalds.

“Esta fábrica fue la primera en el mundo en producir máquinas agrícolas, cosechadoras, trilladoras”, “Aca la máquina era muy buena porque tenía dos limpiezas. Ahora creo que viene con una sola limpieza. Esto equivale a que el cereal se limpiaba 2 veces. Uno tiene que pensar que la máquina es cómo una fábrica”, agrega, mientras explica todo el sistema de trilla con una fascinación que contagia. Alguien dijo, alguna vez, que el trabajador metalúrgico lleva su oficio en el alma. A Pachuco se le nota en cada gesto, cuando mira con nostalgia el almanaque antiguo de la GEMA o la foto en blanco y negro en la que se lo ve junto a sus ex compañeros de trabajo. “El gordo Perez era un hippie adelantado”, recuerda entre risas. “Venía con los pelos largos y los pantalones hecho girones”. Con dignidad, Pachuco defiende la historia de esa fábrica a la que le dejó casi toda una vida, orgulloso de contar cómo se trillaba el cereal por aquellos tiempos.

Guillermo, por su parte, trabajó durante más de dos años. Ingresó a los 14 cuando apenas terminaba la escuela técnica de la Nación Nº 40. “Nosotros salíamos de la escuela fábrica de la Nación, con un 3° año, que sería un experto, y la fábrica estaba conectada con la escuela. Era como una continuidad”. Según Pachuco, más del 50% de la “gente grande” ha entrado como aprendiz, porque “recién comenzaba a haber trabajo”. Los 2 coinciden en que la fábrica cobijaba a sus empleados siguiendo un estilo paternalista, un modelo fabril que parecía implementarse, más allá de GEMA. “Yo entré cuando había perdido a mi padre. A los 14 años uno empieza a crecer ahí. Y entonces, los oficiales lo cobijan como si fuera hijo de ellos. Yo me crié ahí adentro”, dice Pachuco.

“Había mucho compañerismo”, expresa Guillermo, revalorizando los lazos sociales que las fábricas, en su conjunto, supieron construir, sobretodo durante los años del peronismo, como afirma Pachuco. “Antes no había ninguna protección para el trabajador”. También destacan, los 2, la importancia de contar en esos tiempos, con una fuente de trabajo al terminar la escuela técnica. Ahora “están las pasantías”, sentencian.
Imagen de la fábrica (Córdoba y Rouillon)

El ritmo: La gran mayoría de los empleados de GEMA eran los propios vecinos del barrio. A ellos cobijaba durante las noches y las madrugadas, cuando sonaba la infaltable sirena anunciando la entrada a la fábrica. El ritmo de trabajo era de turnos de 4 horas y había, como en toda fábrica, diferentes secciones. Todo un corazón fabril latía en barrio Azcuénaga y la mayoría de los vecinos apelo a ese latido para poder sobrevivir. Cuando cerró, algo se detuvo en el barrio a pesar del aturdido sonido de alta fidelidad que actualmente ofrece el complejo de cines Village. El mismo sonido que Pachuco dice no poder soportar.

Guillermo señala, nuevamente, el vínculo de la fábrica con la escuela. “Cuando terminábamos el ciclo básico, después íbamos de noche. Entonces, la empresa GEMA nos dejaba salir una hora antes para que llegáramos a tiempo a la escuela para que siguiéramos el ciclo técnico de noche”. Además, a medida que se avanzaba en los años de escolaridad, el sueldo aumentaba. “La fábrica nos iba aumentando el sueldo cada año, eso era por ley”. Y agrega Pachuco “los chicos que se recibían de técnicos ocupaban cargos ahí”. En las escuelas técnicas se hacía la parte teórica y la parte práctica, destaca Guillermo. “La empresa misma se ocupaba de garantizar la educación del trabajador”.

Por otra parte, en el barrio se logró levantar el club Tucumán gracias al aporte invalorable de la fábrica. “Acá en el barrio tuvimos un gran beneficio con GEMA, porque acá teníamos un club de barrio que no era nada. Pero cuando GEMA necesitó más espacio compra todo y le ofrece al club un terreno que es donde actualmente está. Entonces cuando se funde, yo conozco mucha gente que lo sintió mucho por esa causa”, expresa Guillermo quien recuerda una anécdota particular, casi como un aprendizaje de vida. “Teníamos un capataz que no me dejaba aprender a soldar. Así todo, yo aprendí a soldar. Acá en Gema se fabricaba en una época unos cilindros grandes que tenían ejes donde ponían los rayos. Los soldadores ya lo habían soldado todo, pero se habían olvidado de soldar adentro del tambor. Para soldar allí dentro tenías que ser chico, y uno de los soldadores dijo “por qué no lo mandas al pibe”. El único que entraba entre los rayos del tambor era yo, y el capatáz me tuvo que llamar a mí.”

El cierre: en 1992 se produce el cierre de la fábrica, construida al calor de la década del 40'. Así lo recuerda Pachuco. “Perkins nos traía camionada de motores en la época de auge y se ve que endulzó al hermano del viejo Valenti. Entonces, le dio un montón de motores y la fábrica no pagaba. En un momento determinado Perkins se quedó con la fábrica porque los ingleses no son tontos. Asi que, se quedaron con la fábrica. Después vino un tipo que le puso un montón de bondades a la fábrica, después del 70', pero la mayor cantidad de acciones la tenía Perkins. En un año determinado se la dio a 4 fascinerosos que la trabajaron durante 4 años, sacaron créditos y no pagaron más y la fábrica quebró. Yo lo escuche en una reunión que teníamos “fulano si no le pagamos la máquina que debemos no nos dan más cabida.” Después, la fábrica fue rematada con todo su capital por “$.1300000”, recuerda Pachuco. “Yo al principio no le creía”, dice este hombre de 75 años quien defendió su fuente laboral hasta el último día. “Yo me puse mal cuando empezaron a derrumbar los galpones”, ubicados detrás de la cuadra donde Pachuco vivió toda su vida. Los vio construirse lentamente y hasta puso manos a la obra en las canaletas de esos mismos galpones. Después, le toco la triste hora de verlos caerse a pedazos.

Sin embargo, antes del derrumbe, Pachuco apelo a la fotografía para retener algo de lo rematado por un puñado de pesos que nada compensa a los cientos de trabajadores que quedaron en la calle en los años 90. "Muchos de ellos terminaron trabajando en estaciones de servicio o en otro lado”. Esa foto muestra la torre de Gema con su símbolo, la G con las espigas de trigo y la República Argentina en su centro.

Foto: Facundo LU6FPJ

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